Se denomina energía hidráulica a aquella que se obtiene del aprovechamiento de la energía potencial de una masa de agua que se encuentra a una determinada altura.

La utilización de la energía potencial del agua disponible entre una cota superior y una inferior, encontró aplicación hace siglos: con los molinos de agua, ha sido posible la utilización de una fuerza proporcionada por la naturaleza para realizar tareas diversas.

Por tanto, las centrales hidroeléctricas pueden definirse como instalaciones mediante las que se consigue aprovechar la energía contenida en una masa de agua situada a una cierta altura, transformándola en energía eléctrica.

La transformación de la energía potencial del agua en energía mecánica se realiza conduciendo el agua desde el nivel superior, hasta un nivel inferior en el que se sitúan una o varias turbinas hidráulicas, que son accionadas por la masa de agua que pasa por su interior. Esa diferencia de altura entre el nivel superior y el inferior se denomina salto.

A su vez, las turbinas están conectadas a generadores, transformando la energía mecánica en energía eléctrica.

Su capacidad de generar energía se determina en función del salto de agua que podamos conseguir y la cantidad de agua o el caudal (definido como volumen de agua por unidad de tiempo) que es posible aprovechar.

La hidráulica presenta numerosas ventajas, es una fuente de energía segura y disponible en el territorio a nivel de superficie terrestre.

Muchos años de utilización del recurso hídrico han permitido obtener un buen grado de desarrollo tecnológico, al menos en lo que concierne las instalaciones de gran tamaño, y costes de instalación reducidos. En el caso de las aplicaciones minihidraúlicas, aunque no se pueda transferir completamente la tecnología –sobre todo en términos económicos–, es importante la experiencia obtenida por el uso de las instalaciones medianas y grandes.

Las aplicaciones de tamaño pequeño y mediano representan una forma de generación distribuida que permite producir la energía cerca del consumidor. Esto tiene mayor validez aún para las aplicaciones micro, que ocupan poco espacio, tienen un escaso impacto y un gran potencial de difusión sobre el territorio. Además, los lugares en los que se pueden instalar son múltiples.

Las aplicaciones minihidraúlicas tienen un impacto ambiental muy bajo. Los sistemas de minihidraúlica pueden contribuir al desarrollo sostenible del territorio en el que se ubican, los beneficios desde el punto de vista ambiental son notables: contribución a la diversificación de las fuentes de energía, disminución de la dependencia energética de fuentes convencionales de la zona afectada por el proyecto, y disminución de emisiones y residuos contaminantes que comprometen la salud del planeta y el bienestar de las generaciones futuras.

El desarrollo de minicentrales se ve justificado por la necesidad de desarrollar nuevas formas de generación de energía limpia que permitan, por ejemplo, la sustitución de generadores movidos por motores diesel en aquellos lugares donde se disponga de un cauce de agua cercano.

El último dato sobre potencia instalada, cifraba en cerca de 2.000 MW la potencia minihidráulica instalada en nuestro país.

Las comunidades más productivas en el área de minihidráulica son Galicia, que con 482 MW, seguida de Cataluña, con 279 MW, y Aragón, con 253 MW. En orden decreciente el resto de comunidades serían Castilla y León, Navarra, Andalucía y Castilla-La Mancha.